¿Por qué la lio tanto Marco Asensio con un emoticono de Israel?

¿Por qué la lio tanto Marco Asensio con un emoticono de Israel?
por

“Visita cultural”. El tuit publicado el pasado domingo desde Jerusalén por el jugador de la selección española de fútbol Marco Asensio apenas tenía dos palabras, pero bastó un añadido —el emoticono de la bandera de Israel— para que originase una polémica extradeportiva que muestra lo fácil que es verse involuntariamente atrapado en el conflicto de Oriente Próximo.

El origen de la controversia está en la combinación del emoticono y la foto, efectuada desde un mirador en la ciudad vieja de Jerusalén, con el Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas al fondo. ¿El problema? Ni estos dos lugares sagrados ni el mirador desde el que se tomó la imagen son técnicamente territorio israelí, sino palestino. Algo que difícilmente sabría Asensio, que jugaba al día siguiente en la misma ciudad un partido contra la selección de Israel.

En muchos otros lugares del planeta, la metedura de pata de un personaje público que no tiene por qué atesorar especiales conocimientos de política internacional habría generado tan solo memes y burlas, como sucedió con el tuit de David Bisbal sobre lo “poco transitadas” que estaban las pirámides de Egipto durante la revuelta contra el dictador Hosni Mubarak en 2011. Pero Asensio se había topado nada menos que con un conflicto antiguo y emocional y, concretamente, con el espinoso caso de Jerusalén.

De acuerdo al derecho internacional, la ciudad tiene una parte israelí, la occidental, y una palestina bajo ocupación, la oriental. En esta última se encuentra la antigua ciudadela amurallada, donde Asensio se tomó la foto. Cuando el futbolista cruzó a la parte palestina, no se encontró con control de fronteras u obstáculo físico alguno que le indicara el cambio, porque esta división existe únicamente en los mapas, ya que Israel ocupa la parte oriental de la urbe desde la Guerra de los Seis Días de 1967, en la que también tomó Cisjordania, Gaza (evacuada de soldados y colonos en 2005), el Golán sirio y el Sinaí, devuelto a Egipto en los años ochenta. En 1980, el Gobierno de Menahem Begin pasó una ley para subrayar la unidad de la urbe como capital de Israel. Un primer contacto rápido con la ciudad vieja tampoco da pistas de la transición, porque allí se cruzan palestinos, turistas, israelíes en busca del mejor humus, curas y monjas, y judíos ultraortodoxos que caminan a toda prisa hacia el Muro de las Lamentaciones. Asensio, de hecho, posaba a menos de un kilómetro de la famosa Línea Verde, la divisoria entre Israel y los territorios palestinos que reconoce la comunidad internacional, trazada tras la primera guerra árabe-israelí de 1948-1949.

¿Por qué un tuit con tan poca intención acabó desencadenando más de 15.000 comentarios? Aparte de las reacciones especialmente viscerales que genera el conflicto palestino-israelí por motivos que darían lugar a otro artículo, la clave está en la ciudad. El estatus de Jerusalén es uno de los principales nudos gordianos del hoy inexistente diálogo de paz. La urbe no solo tiene una gran carga simbólica y política para los judíos israelíes (foco espiritual desde hace tres milenios, referencia constante en los rezos y tradiciones, sede de las instituciones…), sino también para los palestinos, que aspiran a que sea la capital de su futuro Estado independiente. El propio líder histórico Yaser Arafat está enterrado en Ramala solo de forma temporal, cubierto con tierra de la Mezquita de Al Aqsa en una tumba orientada hacia la ciudad santa. En los primeros años del islam, los musulmanes rezaban en dirección a Jerusalén, antes de orientarse hacia La Meca. Allí está también el Santo Sepulcro, donde se sitúa la muerte y resurrección de Jesús, clave para los palestinos cristianos.

Más allá de lo simbólico, la sensibilidad procede de la realidad cotidiana de la ocupación israelí (arrestos, demoliciones de hogares, revocaciones de la residencia permanente, discriminaciones de facto), transmitida a lo largo y ancho del mundo árabe por las cadenas de televisión vía satélite. De ahí quizás que el grueso de las respuestas al tuit fuesen banderas palestinas y comentarios e insultos en árabe.

Jerusalén es además polémica por el asunto de la capitalidad, como mostró el anuncio (y posterior marcha atrás) de Trump de que trasladaría la embajada de EE UU de Tel Aviv a Jerusalén. Israel ha elegido Jerusalén (y no Tel Aviv, como se afirma a menudo erróneamente) como su capital, pero la comunidad internacional no lo reconoce por considerar que supondría una suerte de toma de posición sobre una ciudad cuyo futuro debe resolverse en unas negociaciones de paz. De hecho, ningún país del mundo tiene embajada en Jerusalén, aunque algunos, como Países Bajos, Costa Rica o El Salvador, la tuvieron hasta los años ochenta.

Por supuesto, también contribuyó al chaparrón la especial pasión con que se vive el fútbol —sobre todo el español— en toda la región. No es casualidad que algunas respuestas al tuit fuesen ataques a otros jugadores en forma de foto, real o ‘photoshopeada’, como Messi con kipá en el Muro de las Lamentaciones o Cristiano Ronaldo con la bandera palestina o la mano sobre el hombro de Simón Peres. Como respondió en castellano un usuario, en medio de enfados en árabe, hebreo, inglés y francés: “La que has liado: TT (Trending Topic)”.

share