Iniciamos con un caluroso saludo por parte de las autoridades de la Fuerza Armada de El Salvador, fotografías y frescas bebidas dieron la pauta para iniciar las conversaciones con los Religiosos allí presentes quienes representábamos el 40% de la comunidad evangélica del país; pastores de renombre ante un gran hombre… ¡ah! y yo el único metido.
El reporte de la función de las fuerzas armadas después de los acuerdos de paz es extraordinario, una institución digna de admiración y respeto por el pueblo Salvadoreño completo; ahora enfrentan el reto más grande de sus vidas, que consiste en llevar seguridad a toda la ciudad, esta no es una labor fácil. Todo inicia por una orden del Presidente, donde pone en alerta a toda la gente.
La Misión es bastante clara, llegar con la tropa hasta la colonia más necesitada; imponer el orden a todo costo, sin tener que ensuciarse el rostro con sangre ya que de esto se han encargado los que no han atrapado. Recordar a la población que ellos pueden traer salvación, devolviendo al pueblo la pasión perdida por la paz tan requerida ¿Serán ellos los que nos darán la salida? De esto no estamos seguros, pero según la población traen buenos augurios.
El General de brigada es un hombre muy educado, botas de combate, traje de fatiga, parece seguro de conocer cual es la salida; el reordenamiento de cada colonia, esto no les miento será su primer objetivo, este es el momento decisivo para traer a la comunidad una dosis de comodidad y confianza para poder descansar sin desconfianza.
El plan es efectivo, pero la tropa necesita de nuestro apoyo, salga hoy a la calle y ofrezca darles agua o pollo; no se atemorice son hombres capaces y preparados, tienen fusil pero no están segados como los vándalos que siempre viajan acompañados, son hombres con familias quienes al final de cada DÍA cierran el capitulo de una verdadera pesadilla.
En el almuerzo con el General de Brigada, recordé que sin ellos en la calle mi vida puede ser coartada; por ello hoy les dedico este humilde blog, para recordarles nuestro compromiso como religiosos, el cual consiste en mantenernos siempre gozosos. Orar por sus vidas y familias para que ellos nos lleven de la mano hacia la salida, el fin de la violencia en medio de esta sociedad que vive en completa demencia.
Gracias mi General, gracias al ejército Salvadoreño, gracias a Dios pues ellos en la calle circulan para protegerte a vos; gritando con sus uniformes que el pueblo de la criminalidad está inconforme, recordándonos que las Fuerzas Armadas ya no están de adorno ni a la orden de un buen soborno. Ellos están para ayudarnos y no para amedrentarnos, felicidades a la Fuerza Armada de El Salvador.