¡LAS MISMAS MAÑAS!

¡LAS MISMAS MAÑAS!

¡LAS MISMAS MAÑAS!

Pedro, quien negó a Jesús en los momentos más apremiantes de su ministerio, caminó con Él por más de tres años y pudo conocer de primera mano a su Señor y Salvador. Aun con todo esto, no logró vencer sus malas mañas. Pareciera que la mentira era parte de su vida y estaba tan arraigada en su ser que, en el momento en que se requería su fidelidad, no pudo desvincularse de ella.

¿No es esto lo que sucede en muchas de nuestras vidas? ¿Qué raíz tan fuerte se ha instalado en nuestro corazón y mente que nos impide alejarnos de estas actitudes? ¡Qué tragedia más grande tenerlo todo para triunfar y seguir fracasando! ¿Qué está ocurriendo en nuestra vida cristiana?

A mi criterio, muchos nos hemos quedado en la primera base de las tres que debemos recorrer o superar, como en el béisbol. Es decir, hicimos una oración de fe para ser salvos por medio de Cristo, pero no hemos trascendido en ninguna forma.

Con esto quiero decir que no basta con una simple oración de fe. Debe haber un verdadero anhelo por conocer, convivir y complacer a Dios para poder avanzar en la carrera del cristianismo. La lectura bíblica, la oración y el congregarnos son esenciales para crecer espiritualmente y avanzar a una nueva etapa.

No puede ser que un creyente en Cristo siga con las mismas mañas que un no creyente. Recuerdo el caso de un hombre de negocios que tenía una cadena de moteles, un negocio rentable en su época. Sin embargo, al conocer a Jesús como su Salvador personal, de inmediato buscó cómo cambiar de rubro, pues entendió que su negocio no era agradable a Dios.

En contraste, también conocí a la dueña de un negocio aún más oscuro, acusada de traficar con servicios íntimos para caballeros. A diferencia del hombre de negocios, ella nunca hizo el más mínimo esfuerzo por enmendar su camino. Más bien, prefería llevar predicadores y predicadoras a su establecimiento, tal vez para calmar su conciencia ante la sociedad y su familia, pero jamás decidió honrar a Dios dejando atrás su estilo de vida. Con el paso del tiempo, su corazón se endureció a la voz de Dios y terminó pagando con cárcel los presuntos delitos cometidos.

Las mismas mañas… eso es lo que nos está haciendo tanto daño. Pareciera que Dios no es suficiente, que debemos ser permisivos con el pecado para ser aceptados en la sociedad. Pero la Biblia no enseña eso.

La Palabra de Dios es clara: Él aborrece el pecado. Más aún, nos recuerda que Dios no habita donde hay pecado, y esto es grave. Podemos entender, entonces, que Dios no entra a lugares donde reinan el desinterés y la autosuficiencia del hombre. Él no se impone, sino que busca corazones dispuestos a arrepentirse genuinamente.

Amigo lector, ¿sigues aún con las mismas mañas? ¿Te justificas en lugar de arrepentirte? ¿Te consideras débil aun teniendo un Dios todopoderoso a tu favor? Hoy es el día para dejar atrás las malas mañas, porque mañana podría ser demasiado tarde.

Cuando la indiferencia se anida en tu vida, salir de la zona de comodidad se vuelve cada vez más difícil. Pero si, por el contrario, tomamos la decisión de hacer un esfuerzo un día a la vez, pronto veremos resultados transformadores.

Dejemos, pues, las mismas mañas. Recordemos que, aunque creamos estar caminando de la mano de Jesús, como lo hizo Pedro, el arrepentimiento y la mejora continua son necesarios para experimentar el poder transformador del nuevo nacimiento en la familia de Dios.

Del escritorio de Toby Jr.

 

 

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