¿A quién estás escuchando?

¿A quién estás escuchando?

Vivimos rodeados de voces. Todos los días recibimos opiniones, consejos, noticias y mensajes que buscan influir en nuestra manera de pensar y actuar. Las redes sociales, los amigos, la cultura, nuestros sentimientos e incluso nuestros temores constantemente tienen algo que decirnos. El problema no es que existan muchas voces, sino decidir a cuál de ellas le daremos autoridad sobre nuestra vida.

En Mateo 17 encontramos un momento extraordinario en la vida de Jesús. Pedro, Jacobo y Juan fueron testigos de Su transfiguración y vieron aparecer a Moisés y Elías. En medio de aquella escena, una nube los cubrió y la voz del Padre declaró: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. Dios estaba dejando claro quién debía ocupar el lugar principal: Jesucristo.

Este mensaje continúa siendo necesario para nosotros. Hay muchas voces que pueden orientarnos, aconsejarnos e incluso confundirnos, pero ninguna puede tener mayor autoridad que la voz de Cristo. Cuando nuestras opiniones, deseos o sentimientos contradicen lo que Jesús ha enseñado, debemos recordar la instrucción del Padre: “A Él oíd”. Seguir a Cristo significa permitir que Su Palabra tenga la última palabra.

Escuchar a Jesús tampoco significa hacerlo únicamente cuando estamos de acuerdo con Él. Algunas de Sus enseñanzas confrontan nuestra manera de vivir, nuestras decisiones y nuestros deseos. Jesús habló de negarnos a nosotros mismos, perdonar, servir, abandonar el pecado y poner a Dios en primer lugar.

La verdadera fe no selecciona solamente aquello que resulta cómodo; aprende a confiar en Cristo incluso cuando obedecer es difícil.

También necesitamos escuchar a Jesús cuando sentimos miedo o no sabemos qué hacer. En Mateo 17, los discípulos cayeron atemorizados después de escuchar la voz de Dios, pero Jesús se acercó y les dijo: “Levantaos, y no temáis”. En nuestras propias incertidumbres podemos recordar que Cristo no solamente tiene autoridad, sino que también se acerca a nosotros y nos dirige por medio de Su Palabra.

Nuestros sentimientos cambian, las circunstancias cambian y las opiniones de las personas también cambian. Por eso nuestra vida no puede construirse únicamente sobre aquello que sentimos en determinado momento. Jesús afirmó que Sus palabras no pasarán. Cuando todo parece incierto, necesitamos regresar a una verdad permanente: lo que Cristo ha dicho sigue siendo digno de nuestra confianza.

Pero escuchar verdaderamente a Jesús implica mucho más que conocer Sus palabras. Significa obedecerlas. Podemos escuchar sermones, estudios bíblicos y enseñanzas constantemente, pero si nada cambia en nuestra manera de vivir, solamente estaremos acumulando información.

Cristo debe ser escuchado con un corazón dispuesto a creer, obedecer y seguir, permitiendo que Su Palabra produzca una transformación verdadera.

Entonces, la pregunta sigue vigente: ¿a quién estás escuchando? Cuando el miedo hable, escucha a Jesús. Cuando el mundo intente presionarte, escucha a Jesús. Cuando tus sentimientos te
confundan o no sepas qué camino tomar, escucha a Jesús. Entre todas las voces que buscan dirigir nuestra vida, hay una que verdaderamente importa: la voz de Jesucristo.

Del escritorio de Toby Jr.

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