Dios no bendice ociosos

Dios no bendice ociosos

Todos queremos recibir la bendición de Dios: en nuestro trabajo, familia, estudios, ministerio y proyectos. Sin embargo, muchas veces esperamos que Dios haga aquello que nos corresponde hacer a nosotros. La Biblia nos enseña que desde el principio Dios creó al ser humano con responsabilidades. Adán fue colocado en el huerto de Edén para que lo labrara y lo guardara. Por eso, la bendición de Dios nunca debe convertirse en una excusa para vivir sin esfuerzo ni compromiso.

Proverbios 10:4 dice: “La mano negligente empobrece; mas la mano de los diligentes enriquece”. Dios nos llama a ser personas diligentes, responsables y dispuestas a trabajar. Podemos tener grandes sueños, proyectos e ideas, pero si nunca actuamos, solamente quedarán en buenas intenciones. La fe no consiste en quedarnos de brazos cruzados esperando que todo suceda. Debemos orar confiando completamente en Dios, pero también trabajar reconociendo la responsabilidad que Él nos ha dado.

Uno de los mayores obstáculos para avanzar son las excusas. Siempre podremos encontrar una razón para decir: “No puedo”, “No tengo tiempo”, “No tengo recursos” o “Mañana comenzaré”. Sin embargo, mientras esperamos el momento perfecto, podemos estar desperdiciando las oportunidades que Dios ya colocó delante de nosotros. A veces pedimos una puerta abierta, cuando Dios ya nos dio una pequeña oportunidad para comenzar. En lugar de concentrarnos en lo que nos falta, debemos preguntarnos qué podemos hacer con lo que ya tenemos.

También debemos comprender que toda cosecha requiere una siembra. Gálatas 6:7 nos recuerda que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. No podemos sembrar irresponsabilidad y esperar prosperidad, ni sembrar mediocridad y esperar excelencia. Muchas veces la bendición de Dios llega en forma de una oportunidad, una idea, un trabajo, una capacidad o una responsabilidad. Quizá esperamos recibir algo completamente terminado, cuando Dios desea que tomemos aquello que puso en nuestras manos y comencemos a trabajar.

Nuestro tiempo también es un regalo que debemos administrar sabiamente. Jesús dijo que era necesario hacer las obras del que lo envió mientras el día duraba, enseñándonos el valor de aprovechar cada oportunidad. Nuestra vida tiene días, fuerzas y recursos limitados, por eso no debemos vivir diciendo: “Algún día comenzaré”. Ese “algún día” puede convertirse fácilmente en nunca. Hoy podemos servir, prepararnos, estudiar, emprender, corregir lo necesario y comenzar a desarrollar aquello que Dios nos ha confiado.

Dios no espera que produzcamos con lo que no tenemos, pero sí espera fidelidad con aquello que nos entregó. No todos tenemos los mismos talentos, oportunidades o recursos, pero cada uno es responsable de administrar lo recibido. Por eso, en lugar de compararnos con otros, debemos mirar nuestras propias manos y preguntarnos qué estamos haciendo con ellas. Ora, pero levántate; confía en Dios, pero trabaja; pide oportunidades, pero prepárate para cuando lleguen. No solamente sueñes con la bendición: Sé diligente y fiel con lo que Dios puso en tus manos.

Del escritorio de Toby Jr.

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