¡EL VIRUS DEL HARAGÁN!

¡EL VIRUS DEL HARAGÁN!

Vivimos en una generación donde las oportunidades abundan, pero la decisión escasea. Muchos saben lo que deben hacer, pero lo siguen dejando para después. El apóstol Pablo nos exhorta a andar con diligencia y sabiduría, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Cada momento cuenta y no vuelve atrás. Postergar decisiones importantes siempre tiene un costo.

Estamos comenzando un nuevo año y, aun así, muchos ya dejaron pasar grandes oportunidades. Algunos perdieron ocasiones de crecimiento espiritual, otros dejaron proyectos a medias y decisiones sin tomar. Muchos esperan que la suerte defina su camino, cuando en realidad son las acciones las que construyen el futuro. Dios honra la fe acompañada de obediencia. Esperar sin actuar no es confiar, es procrastinar.

Procrastinar es aplazar conscientemente lo que sabemos que debemos hacer. No siempre es pereza; muchas veces es miedo al fracaso, inseguridad o comodidad. El problema es que cada vez que se pospone, el peso emocional aumenta. La culpa y la frustración se convierten en un ciclo difícil de romper. Así, lo que era una tarea simple se vuelve una carga pesada.

La Biblia advierte claramente sobre este peligro. Proverbios nos enseña que el perezoso no aprovecha el tiempo y luego se queda sin cosecha. La oportunidad no espera a nadie y la vida no se detiene. Hoy puede estar abierta una puerta que mañana ya no estará. Dios nos llama a discernir los tiempos y a responder con prontitud.

Dar el primer paso suele ser el mayor reto. Muchos desean avanzar, pero pocos están dispuestos a salir de su zona de confort. El deseo sin acción no produce resultados. La diligencia, en cambio, abre puertas y trae fruto. Dios no bendice solo las buenas intenciones, bendice la obediencia práctica.

La Escritura también nos recuerda que la vida es breve y frágil. Santiago nos dice que somos como neblina que aparece por un momento y luego desaparece. No tenemos control sobre el mañana, pero sí responsabilidad sobre el hoy. Cada día es una oportunidad para obedecer, crecer y avanzar. Postergar es asumir un riesgo innecesario.

Posponer decisiones importantes es una de las estrategias más peligrosas del enemigo. La procrastinación debilita la disciplina, apaga la pasión y frena el propósito. Poco a poco roba el entusiasmo y la fe. Lo que hoy se evita, mañana se convierte en urgencia. Actuar a tiempo siempre será más sabio que lamentarse después.

La vida es demasiado corta para solo verla pasar. Hoy es el día para dar el primer paso y avanzar con decisión. No permitamos que el virus del haragán nos robe el propósito que Dios ha puesto en nuestras manos. Dios camina con quienes deciden obedecer hoy y no mañana.

Del escritorio de Toby Jr.

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