“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” Mateo 15:8 (RVR1960)
Vivimos en una generación que conoce mucho sobre la iglesia, pero cada vez menos acerca de Dios. Muchos crecieron asistiendo a cultos, escuelas dominicales, campamentos y actividades cristianas. Conocen historias bíblicas, cantos y versículos, pero eso no siempre significa que hayan desarrollado una relación personal con el Señor. Conocer de Dios y conocer a Dios son dos cosas muy diferentes.
La Biblia advierte sobre esta realidad en Jueces 2:10, cuando menciona que surgió una generación que no conocía a Jehová ni las obras que había hecho por Israel. No era una generación sin información, sino una generación sin experiencia espiritual. Habían escuchado hablar de Dios, pero no habían caminado con Él. El mismo peligro existe hoy dentro de muchas familias e iglesias.
Uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo es que la fe se ha vuelto una costumbre para muchos. Se asiste a la iglesia por tradición, por compromiso familiar o por hábito, pero no necesariamente por convicción. Cuando la fe se convierte en rutina, es posible estar físicamente cerca de las cosas de Dios mientras el corazón se encuentra lejos de Él. Eso fue precisamente lo que Jesús denunció en Mateo 15:8.
Las redes sociales, la cultura actual y las múltiples voces que compiten por la atención de los jóvenes han acelerado este problema. Muchos reciben más influencia de un creador de contenido que de sus padres, líderes o pastores. Cuando no existe una base espiritual sólida, cualquier argumento, tendencia o filosofía puede hacer tambalear una fe que nunca echó raíces profundas.
La solución no es más entretenimiento ni más actividades. Lo que esta generación necesita es encontrarse genuinamente con Jesucristo. Necesita ver una fe auténtica en casa, líderes que vivan lo que predican y una iglesia comprometida con enseñar la verdad de la Palabra de Dios. Las nuevas generaciones no necesitan una versión moderna del evangelio; necesitan el evangelio que transforma vidas.
Hoy más que nunca debemos preguntarnos si estamos formando creyentes o simplemente asistentes. La iglesia del futuro dependerá de la capacidad que tengamos para llevar a las personas a una relación real con Dios. Porque al final, lo que cambiará una familia, una ciudad o una nación no será una generación que conoce la iglesia, sino una generación que conoce verdaderamente al Señor.
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Juan 17:3 (RVR1960).
Del escritorio de Toby Jr.

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