La vida cristiana no es un paseo cómodo, es una carrera que exige constancia, enfoque y determinación. Hebreos 12 nos recuerda que no corremos solos, que hay una nube de testigos que nos anima a avanzar y a dejar todo peso que nos estorba. Perseverar no es solo resistir, es decidir cada día no rendirse aunque el cansancio y la duda toquen la puerta.
Perseverar significa seguir a Jesús aun cuando el camino parece cuesta arriba, cuando las circunstancias no son favorables o cuando sentimos que no podemos más. Es permanecer fieles incluso cuando nadie ve nuestros esfuerzos, cuando las oraciones parecen no tener respuesta inmediata y cuando la fe es lo único que nos sostiene.
Todos enfrentamos batallas, unas más visibles que otras, algunas justas y otras que parecen injustas. Sin embargo, cada prueba tiene el potencial de fortalecernos si decidimos no soltar la confianza en Dios. La Biblia nos anima a no perder la fe porque detrás de cada proceso hay una promesa que espera ser alcanzada.
En algún momento todos dudamos, todos sentimos que el ánimo se debilita y que las fuerzas se agotan. Pero aunque nuestro exterior se desgaste, Dios renueva nuestro interior día a día. Lo que hoy parece una carga pesada, mañana será parte del testimonio que inspirará a otros a seguir creyendo.
También vimos gigantes, miedos que parecían imposibles de vencer, temores que llegaron sin avisar y lágrimas que rodaron en silencio. Aun así, aquí estamos, no porque seamos fuertes, sino porque Dios ha sido fiel en cada paso, sosteniéndonos cuando creíamos que ya no había salida.
Perseverar es olvidar lo que queda atrás y extendernos hacia lo que está delante, sin permitir que los fracasos definan nuestro futuro. Es seguir avanzando aun cuando la tentación de retroceder es fuerte, recordando que Dios siempre da una salida y nunca nos deja solos en la prueba.
Hoy podemos mirar atrás y decir con gratitud: Dios no nos soltó. Él estuvo presente en cada tribulación, en cada noche oscura y en cada batalla silenciosa. Nuestro mayor logro no es lo que obtuvimos materialmente, sino el hecho de seguir en pie, con la fe intacta y el corazón firme.
Que el 2025 sea recordado no por lo que perdimos, sino por todo lo que aprendimos al perseverar. Persiste en lo que has creído, no sueltes lo que Dios te enseñó y sigue corriendo la carrera con los ojos puestos en Jesús, porque al final, ese será tu mayor logro.
Del escritorio de Toby Jr.

Leave a Reply