VIERNES 11:49 DE 1986

Hace 34 años el terremoto del 86 cambió todas las cosas para muchos; en nuestra Iglesia perdimos a muchas personas, entre ellas diáconos y maestros de escuela dominical, por lo que fue un momento difícil para muchos de nosotros, de tal manera que nada volvió a ser igual.

 

Fue en ese año que salí graduado de bachiller, y recuerdo que estábamos en la última clase del día en un viernes, ya en ese momento cuando todo lo que quieres es salir corriendo del colegio y olvidar los libros y las tareas por un momento; al darse el terremoto nos permitieron salir de clases de inmediato, nosotros por la juventud no comprendíamos la magnitud del problema hasta que logramos ver con nuestros propios ojos lo devastador de dicho siniestro.

 

Esa misma noche mi padre, Pastor de la Iglesia, nos hizo acompañarle a visitar los hogares de los miembros de la congregación; muchos de ellos totalmente destruidos, otros inhabitables, otros lloraban a sus muertos. Escenas difíciles para un joven de 17 años, pero estos eventos dejaron grandes lecciones en mi vida.

 

Mi hermana Patty estaba con mi cuñado en una motocicleta, mi papá y yo en otra ya que solo así podíamos acceder a colonias como la Santa Marta, San Jacinto, y sus alrededores, ya que los postes del tendido eléctrico estaban en el suelo y los cables limitaban la circulación.

 

Nuestro actual presidente de la Junta Directiva de la Iglesia, el Ingeniero Raúl Ramírez, fungía como mi profesor de escuela bíblica; Fue muy duro para mí como joven enterarme que en esa fecha Él perdió a su esposa, quien estaba embarazada. No sé cómo expresar mi respeto y total admiración a mi maestro y profesor por haber sembrado en mi vida un ejemplo de determinación, ya que hoy, 34 años más tarde, Raúl y yo trabajamos juntos en esta Iglesia, ambos haciendo lo que Dios nos encomendó: llevar la predicación hasta lo último de la tierra y hacer discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

El Terremoto de San Salvador de 1986 ha sido uno de los sismos más destructivos de la historia de la ciudad capital de El Salvador, incluso causó más muertos que los terremotos del 13 de enero y 13 de febrero de 2001. La cifra de muertos fue de 3,500 y 200 000 damnificados y 20,000 heridos, según el historiador Thomas Anderson, en su libro Politics of Central America, 1988. También hubo 150,000 edificios destruidos y 288,679 casas totalmente destruidas y 108,226 casas resultaron dañadas.

El siniestro inició a las 11:49 de la mañana hora local (17:49 UTC), del viernes 10 de octubre de 1986, con una magnitud de 7.5 grados en la escala de Richter y una intensidad de IX en la escala de Mercalli, causando daños considerables a la infraestructura de la ciudad, siendo el foco de la tragedia el edificio Rubén Darío, dañado por el terremoto del 3 de mayo de 1965, pero que nunca fue demolido o reparado correctamente. El terremoto duró 38 segundos. Hubo varias réplicas que duraron una semana.

 

Todos hemos vivido terremotos en nuestras vidas, en especial en estos últimos tiempos de pandemia; pero de todas estas cosas nos ha librado Dios. En ningún momento nos abandonó ni nos abandonará. Él está pendiente de nosotros y nos ayuda a reconstruir nuestras vidas de las ruinas que estos eventos dejaron.

 

No te quedes en el suelo, ¡Reedifica!

Una tragedia puede marcarte, pero jamás debe derrotarte. Errores cometemos todos, problemas tenemos todos, temores tenemos todos; pero Él, que es grande en misericordia, puede hoy ayudarnos a reconstruir y edificar cosas nuevas, tomando de las experiencias pasadas para poner y tener un mejor fundamento, que en este caso es Dios.

Que las tragedias del pasado sean tu motivación para emprender nuevos proyectos, que las ruinas sean un recordatorio de que de la mano De Dios sí podemos reedificar; que las lágrimas derramadas sean el abono para un mejor presente y un maravilloso futuro. Hoy recordamos a los que sufrieron por el terremoto del 86 pero a la vez celebramos a los que de las ruinas se levantaron y hoy cantan victoria por la gracia de Dios.